Uno de los dilemas que se le presentan al docente que debe elaborar un material didáctico computarizado o material educativo digital es cómo debe tratar al participante. Es decir, si debe dirigirse al lector u oyente empleando “tú” o “usted” en la redacción de los contenidos.
Evidentemente es un aspecto importante. De allí que sea también preocupante para quien escribe o habla en el material didáctico. Sin embargo, la respuesta es sencilla. Como se ha señalado en publicaciones anteriores, un elemento que debe ser cuidadosamente estudiado con antelación es a quién se dirige el emisor, o sea, quién es el destinatario de ese mensaje instruccional.
Comúnmente, si se trata de población adulta o empresarial es más común dirigirse al estudiante con cierta formalidad. Claro, a su vez, esto dependerá de otros factores, tales como el contexto en el cual se mueven esas personas, el grado de proximidad que hayan develado en la primera tertulia virtual o a lo largo de las primeras sesiones, si se trata de un sistema formativo mixto en el cual los participantes y el facilitador se conocen, etc. Sin embargo, cuando la población destinataria está conformada por niños o jóvenes la tendencia es a “tutear” para generar una atmósfera un poco más informal, si se quiere, y establecer una suerte de vínculo entre quienes interactúan. Para dirigirse a un educando de niveles inferiores debe procurarse la cercanía con el material de aprendizaje, involucrarlo más para que se enganche y, sobre todo entre los no tan chicos, para que cada uno sienta que es a él/ella a quien le “hablan”.
Las particularidades del grupo serán determinantes, así como las características de la actividad formativa y otros tantos factores. En cualquier caso, como no hay un recetario, es menester que el docente estudie bien a cada grupo de trabajo y evalué el material con el que cuenta para cerciorarse de que el estilo empleado es acorde. Esto significa que no puede dejar de incluir en sus cursos esa primera sesión destinada a que se rompa el hielo -a través de un chat, por ejemplo- en la cual salen a flote muchas características profesionales y personales de los participantes, pues el intercambio comunicativo que tiene lugar en ese encuentro inicial es un termómetro fundamental para sopesar muchas de las decisiones del facilitador.
Una vez identificada y más o menos caracterizada la población destinataria, el docente notará que le resulta más sencillo facilitar la comunicación instruccional, entendida como una acción que trasciende la facilitación de contenidos. Entonces, colega, usted/tú tiene/s la última palabra.
Entendiendo que la competencia comunicativa escrita no corresponde a una asignatura en especial, sino que es una destreza necesaria para todos los contextos en los que se desenvuelve el individuo, debe ser atendida por parte de todos los docentes.
Cuando se redacta un material instruccional o se toma uno preelaborado para trabajarlo con los estudiantes es indispensable constatar que sea adecuado tanto en aspectos de fondo como de forma. Interesarse solamente por el contenido es un error en que muchos docentes caen, independientemente del tiempo que tengan dictando una unidad curricular.
A continuación quiero presentar un ejemplo que tomé al azar de un conocido servicio de visualizadores de texto en línea. Estoy utilizándolo con fines estrictamente instruccionales, con el objeto de que podamos evidenciar que el despliegue informativo que ha realizado la persona puede verse afectado por incorrecciones en la escritura.
Si echamos un vistazo al material podemos ver que no presenta grandes debilidades. Sin embargo, en la portada llama la atención que se hace caso omiso de una tilde. En vista de que en pantallas posteriores aparece bien escrita esa palabra, he de suponer que fue omitida porque está escrita en mayúscula. No obstante, las reglas de acentuación y sus excepciones deben respetarse incluso si se trata de letras mayúsculas. Entonces, en lugar de ESTRUCTURA ATOMICA debería decir ESTRUCTURA ATÓMICA.
Luego se puede observar limpieza en los textos de las siguientes pantallas. En la número 8 se presenta el mismo caso anterior, pero ahora para las palabras NUCLEO, NUCLEON Y ELECTRON. Finalmente, en la pantalla 23 tiene tilde la “o”. Este error es frecuente, pues esta conjunción lleva acento ortográfico en caso de que se encuentre escrita entre números. Las personas tienden a confundirse por ello. Ahora bien, llama la atención que en la siguiente pantalla (pantalla 24) el autor no incurrió en este error. Esto hace suponer que tuvo lugar por descuido, no por desconocimiento. Pero ignoramos cuál va a ser el juicio de valor del lector.
Evidentemente, todos somos vulnerables. No obstante, lo que deseo manifestar aquí es mi preocupación por la incidencia que tengan sobre el aprendiz, quien de modo consciente o no está registrando esa información con todos sus detalles, por pequeños e insignificantes que parezcan.
La invitación es a cuidar los aspectos formales de la escritura en aras de un aprendizaje verdaderamente integral, sea en papel, en pantalla, en la pizarra tradicional o en la pizarra digital.
Todos cuantos escribimos para otros experimentamos no pocas inquietudes a la hora de enfrentarnos al papel o a la pantalla del computador. A ese escenario se suman diversos factores. Conversando con mis colegas docentes, muchos hemos tenido que admitir que durante las labores de revisión o corrección de actividades evaluativas, la recurrencia de un error ortográfico o gramatical vista en varios trabajos académicos elaborados por distintos alumnos, nos ha hecho dudar.
En tales casos hemos tenido que recurrir a la vieja técnica de la ortografía intuitiva, es decir, escribir la misma palabra de formas diferentes a fin de que “al ojo por ciento” podamos reconocer cuál es la correcta. O bien, ayudarnos con el diccionario.
Actualmente, a los usuarios de las tecnologías se nos han brindado otras posibilidades. Existen herramientas de corrección que pueden ayudar a solucionar una duda ortográfica cuando escribimos o cuando leemos un texto.
La corrección que hace consiste esencialmente en explicar de manera muy breve el gazapo ortográfico que existe en el párrafo que está siendo evaluado. Stilus proporciona una sugerencia de enmienda para el texto en cuestión y, al igual que otros correctores ortográficos, el usuario dispone de las siguientes opciones: “omitir”, “omitir todas”, “cambiar” o “cambiar todas” (ver figura 1).
Figura 1. Ejemplo de funcionamiento de Stilus
En general, las herramientas que podemos hallar en Internet para resolver ciertas dudas al escribir pueden ser útiles, incluso para quienes dominan la lengua, pues nadie está exento de los errores ortográficos o tipográficos; nadie tiene todas las respuestas. Ni siquiera los mismos correctores de los que hablamos en esta publicación. Por eso quiero cerrar aclarando que no es sano depender de éstos. Siempre será más confiable, o quizás más completo, lo que hemos aprendido a fuerza de lectura atenta y de ejercitación.
Todo escrito se hace para comunicar, es decir, para informar algo (Román, 2003); y ya que como seres sociales necesitamos comunicarnos siempre, el arte de escribir es un acto que no podemos eludir.
Los docentes no estamos exentos de tal situación, pues cuando vamos a escribir, la tarea de expresar nuestras ideas en forma lógica, comprensible y concreta genera no pocas inquietudes. Aun la gente que conoce de gramática, está lejos de escribir con perfección (ver figura 1). Es, de hecho, un problemita con el que lidian los estudiantes desde sus primeros años de escolaridad hasta que alcanzan los estudios profesionales. A pesar de sus años de formación, se ven en aprietos ante la necesidad de sistematizar la información que les es requerida (Ríos, 2001). Aunque esto es un problema, lo es más el hecho de escabullirse de la responsabilidad de enfrentar la tarea de escribir.
Muchos profesionales dedicados a la docencia, ingenuamente creen que su única misión es ofrecer los contenidos que dicta un plan de estudios. Por consiguiente, no les corresponde atender a los aspectos formales de la escritura cuando preparan guías de estudio. Si las preparan.
Es tiempo de reconocer que un escrito que contenga errores ortográficos no logrará su objetivo, porque el destinatario tendrá motivos para desviar su atención al mensaje. Además, muy pocos estudiantes con una ortografía aceptable se quedan indiferentes frente a las fallas de un docente. La gran mayoría reacciona con irritación y comentarios. O hasta les sirve de diversión. También es posible que ante el desconocimiento del estudiante, un error pase desapercibido e incluso sea reproducido ulteriormente. En fin, con tantas posibilidades en contra, ¿para qué arriesgarse?
Me parece útil citar un fragmento de Fernando Ávila, incluido en la Introducción de su libro “Español correcto para Dummies” para cerrar esta reflexión. Quizás esas pocas palabras inviten a incursionar con convicción en el arte de la escritura limpia.
El escrito en bruto y con errores puede servir para expresar bien o mal –casi siempre mal– una idea, pero quedará inmejorable si las palabras con zeta están zeta, si las tildes y las comas van donde les toca y si no hay heces de más o eses de menos. En últimas, este texto así trabajado, se entiende mejor, agrada al lector y satisface al autor (Ávila, 1997, p.1).
Pensemos por un momento que el alumno que se irrita por el pobre uso del idioma, quizá concluya de inmediato: “Si esta persona no ha dominado lo más básico de la escritura, ¿cómo puede tener algo que enseñarme?”; y aquel estudiante que encuentra divertidos los errores que se comenten ante los ojos de todos, ¿va a hacer lo que tú le pides? …Quizá…
Sabemos que el proceso de elaboración de materiales educativos tiene características particulares, dependiendo del marco teórico que sirva de base, pero también influye el contexto formativo, la edad y nivel de instrucción de los destinatarios. No obstante, independientemente de tales variables, cuando escribimos un material instruccional en formato digital es importante tener en cuenta la extensión de las oraciones que empleamos.
Obviamente hay una diferencia que salta a la vista: leer en la pantalla del computador no es como leer en materiales impresos. La lectura puede ser más lenta o más rápida dependiendo de cada lector; a veces haciendo saltos, como seleccionando de una ojeada estímulos para captar el todo. Por consiguiente, la redacción de materiales formativos para contextos digitales debe considerar que tiene un destinatario que prácticamente hace “barridos” de pantalla al leer. Y en esos barridos debe captar el planteamiento fundamental de ese texto, es decir, debe aprehender lo que se espera que aprenda. Los textos deberán estar, entonces, conformados por oraciones breves, en la cuales quede demostrada nuestra capacidad de síntesis como expositores.
Vale insistir en que lo importante no es cuánta información incluimos en los materiales, sino la concreción y concisión con la que es presentada. Por ello, el mensaje que se trasmita debe concentrarse en pocas palabras, siempre que esas palabras sean claras y suficientes. Algunas veces los profesores en un intento por aclarar, dificultamos las explicaciones al abundar en incisos, por citar un ejemplo; en ocasiones subestimamos el conocimiento previo del estudiante y por error incorporamos información que dispersa la atención del estudiante. Estas falencias pueden ser perjudiciales en cualquier texto impreso, pero aumenta su gravedad si hacen acto de presencia en textos instruccionales digitales.
En la preparación de materiales de estudio para eLearning, con mayor razón, debemos romper con viejas prácticas, que aunque cómodas no brindan valor agregado alguno al aprendizaje. Ahora bien, para alcanzar esta habilidad, además de seguridad y criterio lingüístico, es necesario desempolvar esos criterios lógicos, tan abandonados por nosotros a lo largo de la comunicación diaria, en vista de que se ha viciado de rutina y descuido.
Con la finalidad de contribuir a una mejor redacción de textos instruccionales digitales, en la Red de Portafolios Educativos (RedPE) hemos creado el grupo de discusión Redacción de textos para Materiales Educativos, al cual están invitados a participar. Recomiendo visitar la dirección de nuestra red en http://www.portafolioseducativos.org.ve/redpe, registrarse allí y luego en el grupo.
La elaboración de material educativo constituye una tarea que demanda tiempo, independientemente del entorno formativo en el cual va a ser empleado. No se trata de caer en la tentación de digitalizar los materiales impresos que hemos empleado en sistemas formativos presenciales. Tampoco consiste en recopilar fuentes de información impresas o digitales hasta lograr una especie de biblia de la unidad curricular, luego de un exhaustivo arqueo bibliográfico, hemerográfico y electrónico. Menos aún es transformar la comunicación oral en escrita, como si se tratase de una trascripción,(Gallego, 2008). Un material de apoyo es mucho más que eso. La redacción de los contenidos que se incluyan en materiales educativos debe ser una suerte de conversación didáctica por escrito. Un proceso en el cual los autores (redactores) deberán saber adaptarse al interlocutor, pues la intención del material es facilitar los procesos de enseñanza-aprendizaje: hacer llegar el mensaje, minimizar los ruidos u obstáculos en la comunicación, considerando las particularidades del contexto en el cual tiene lugar.
Cuando se trata de entornos de aprendizaje no presenciales, como lo señala Gallego (2008), el diseño de contenidos y materiales deben ser propios de la modalidad de enseñanza online, con entidad en sí mismos y dirigidos al autoaprendizaje del estudiante. Quienes comprenden que esto es así y empiezan a producir textos para medios en línea, se encuentran con que este tipo de escritura resulta muy diferente a sus experiencias previas con medios impresos. De acuerdo con lo que plantea William Horton, “para muchos escritores, este no es solamente un cambio de técnica si no de identidad personal y profesional al punto, que deben aprender nuevas habilidades, asumir nuevos roles, y redefinir sus carreras” (Eduteca, 2003).
Partiendo de los más simple, es menester señalar que para producir escritos para entornos digitales, deben atenderse diversos aspectos tanto de fondo como de forma. Han de cuidarse los aspectos básicos de la escritura, como la ortografía y la sintaxis; tener en cuenta las características de la audiencia: edad, género, conductas de entrada, habilidades verbales, las condiciones socio-culturales, de manera que se pueda adecuar el vocabulario y orientar el proceso de producción de los contenidos, a fin de que sean pertinentes y suficientes en cantidad y nivel de profundidad. Dejar a un lado los aspectos formales de la escritura o emplear un nivel de lenguaje muy alto para la determinado grupo de estudiantes, por ejemplo, hará más difícil conseguir el fin propuesto, porque no seremos ni inteligibles ni fáciles de comprender. Atentaremos contra la sencillez, la claridad y la naturalidad propias del proceso de la comunicación didáctica.
Ahora bien, si hacemos gala de frases cortas y claras al entendimiento; si metódicamente dividimos los asuntos que tratemos, dando prioridad a lo más interesante y familiar para el estudiante; si progresivamente continuamos con una acertada explicación y una justificación, en la que se excluyan cuestiones accesorias y divagaciones, seremos exactos y las probabilidades de éxito serán mucho mayores, más aún si a todo lo ha presidido la corrección que, como nadie ignora, consiste en ser pulcros, no cometer errores ortográficos ni sintácticos. En definitiva, la corrección ortográfica, gramatical y exactitud en datos no sólo optimiza la claridad, sino que transmite información no verbal sobre la calidad del material.
En suma, la elaboración de materiales educativos requiere tomar en cuenta qué, a quién y para qué. No debemos olvidar que, pese a nuestra condición de “elaboradores” de material instruccional, el mensaje pertenece al destinatario y que, en entornos de aprendizaje presenciales, a distancia o mixtos, el estudiante puede hacer con la información lo que estime oportuno. Y se espera que lo que éste pueda hacer sea aprender, reforzar lo que sabe, despejar dudas.
REFERENCIAS:
Gallego, J.M. (2008). Comunicación didáctica del docente universitario en entornos presenciales y virtuales. En RIE-OCEI [Revista en línea], 46 (1). Disponible: http://www.rieoei.org/2348.htm. Consulta: enero 11, 2010.
EDUTEKA (2003). Hipertexto: qué es y cómo utilizarlo para escribir en medios electrónicos. [Documento en línea] Disponible: http://www.rieoei.org/2348.htm.. Consulta: enero 11, 2010.