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Abr 28
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Uno de los dilemas que se le presentan al docente que debe elaborar un material didáctico computarizado o material educativo digital es cómo debe tratar al participante. Es decir, si debe dirigirse al lector u oyente empleando “tú” o “usted” en la redacción de los contenidos.
Evidentemente es un aspecto importante. De allí que sea también preocupante para quien escribe o habla en el material didáctico. Sin embargo, la respuesta es sencilla. Como se ha señalado en publicaciones anteriores, un elemento que debe ser cuidadosamente estudiado con antelación es a quién se dirige el emisor, o sea, quién es el destinatario de ese mensaje instruccional.
Comúnmente, si se trata de población adulta o empresarial es más común dirigirse al estudiante con cierta formalidad. Claro, a su vez, esto dependerá de otros factores, tales como el contexto en el cual se mueven esas personas, el grado de proximidad que hayan develado en la primera tertulia virtual o a lo largo de las primeras sesiones, si se trata de un sistema formativo mixto en el cual los participantes y el facilitador se conocen, etc. Sin embargo, cuando la población destinataria está conformada por niños o jóvenes la tendencia es a “tutear” para generar una atmósfera un poco más informal, si se quiere, y establecer una suerte de vínculo entre quienes interactúan. Para dirigirse a un educando de niveles inferiores debe procurarse la cercanía con el material de aprendizaje, involucrarlo más para que se enganche y, sobre todo entre los no tan chicos, para que cada uno sienta que es a él/ella a quien le “hablan”.
Las particularidades del grupo serán determinantes, así como las características de la actividad formativa y otros tantos factores. En cualquier caso, como no hay un recetario, es menester que el docente estudie bien a cada grupo de trabajo y evalué el material con el que cuenta para cerciorarse de que el estilo empleado es acorde. Esto significa que no puede dejar de incluir en sus cursos esa primera sesión destinada a que se rompa el hielo -a través de un chat, por ejemplo- en la cual salen a flote muchas características profesionales y personales de los participantes, pues el intercambio comunicativo que tiene lugar en ese encuentro inicial es un termómetro fundamental para sopesar muchas de las decisiones del facilitador.
Una vez identificada y más o menos caracterizada la población destinataria, el docente notará que le resulta más sencillo facilitar la comunicación instruccional, entendida como una acción que trasciende la facilitación de contenidos. Entonces, colega, usted/tú tiene/s la última palabra.